La memoria del Nunca Más no está en cuarentena

En tiempos de pandemia del coronavirus y de una cuarentena obligatoria, la fecha del 24 de marzo recorrió las redes sociales. Una multitud de ciudadanos esta vez dejó las calles y las plazas para recordar la memoria del horror en una fecha de honda significación para la Argentina.

 

L

a Argentina vive un momento de aislamiento social obligatorio. Una cuarentena

impidió que cientos de miles de personas salieran a las calles el último 24 de marzo, en lo que hubiera sido una masiva demostración del ejercicio del recuerdo de la última dictadura, de la memoria que año tras año congrega a verdaderas multitudes en calles y plazas de todo el país. Esta vez, la Plaza de Mayo lució vacía, silenciosa, fría, sólo sobrevolada por las mariposas, esas mariposas que en cada conmemoración se posan entre los manifestantes, buscan a los pañuelos blancos y sobrevuelan a la multitud acompañando a las miles de siluetas impresas en pancartas y en colgantes que simbolizan a los 30.000 detenidos-desaparecidos. Este año el escenario se dio en forma virtual, desde las redes sociales.

 

Así, cada una de las redes se colmaron de ilustraciones de pañuelos blancos. En el día de la Memoria, una multitud callejera virtual caminó las redes sociales que se colmaron de dibujos e imágenes de pañuelos blancos que lucieron colgados en balcones, terrazas, ventanas, puertas y cualquier superficie que permitiera que las consignas de “Nunca más”, “30 mil detenidos-desaparecidos, presentes” y “Memoria, verdad y justicia” se convirtieran en las voces de los asistentes remotos a una concentración que sólo la tecnología de la Internet permitió que se viera en cada teléfono celular y cada computadora.

 

Como en cada aniversario, la convocatoria la encabezaron las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo. Nora de Cortiñas, histórica referente de Madres-Línea Fundadora, explicó a La Rayuela sobre el surgimiento de la agrupación de mujeres, “Azucena Villaflor (una de las fundadoras del movimiento) tuvo la idea de que nos encontráramos en la Plaza de Mayo para desde allí tratar de ir a la Casa de Gobierno y hacer las gestiones todas juntas”. Recordó una frase de Azucena, “era todas por todos, nos llevó a empezar a reunirnos el 30 de abril de 1977, cuando ya había en la Argentina miles de desaparecidos también. Se hacían también gestiones en cuarteles, Ministerio del Interior, iglesias, Episcopado. Ya había algunas madres que por ahí ya se habían cruzado en tribunales. Pero, la idea de estar en la plaza una vez por semana fue de Azucena”.

 

Otra reconocida integrante del movimiento de las madres de pañuelos blancos, Hebe de Bonafini, le contó a este cronista cómo fue esa primera ronda alrededor de la Pirámide, en plena dictadura. “Fuimos la primera vez unas catorce madres -éramos muy pocas-, dijimos que con tantos desaparecidos que hay, es mejor que juntemos a otras”. Relató con emoción que “cada una se responsabilizó de traer a otra madre, y poco a poco, fuimos trayendo más madres para firmar la carta, que no marchábamos ni caminábamos en la Plaza, hasta el mes de junio. En el mes de junio vino la Policía, estábamos todas reunidas en un banco, algunas llevábamos un tejido -yo me iba de La Plata con otras madres-. Llenábamos un vagón de tren -40 madres veníamos de La Plata a tejer y a esperar a las otras madres-”.

 

“La primera vez que fui a la plaza fue con terror, me tuvieron que sostener, me alentaron, no tengas miedo que no te va a pasar nada. Efectivamente, yo afronté todos esos caballos, armas, tanques, todo lo que había, acompañada de las pioneras”, recordaba Estela Barnes de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, su primera experiencia en la Plaza. En diálogo con La Rayuela, Estela contó qué las empujaba en el reclamo, “en aquel momento la ilusión era, ¿cómo no nos van a devolver los nietos? ¿Cómo, los chiquitos que nacen y no sabemos dónde van a ser regalados o vendidos, o tirados? ¿Qué hicieron? ¿Qué van a hacer?”.

 

“Cuando fuimos un grupo importante, vino la Policía, nos pegó con los palos y nos dijo caminen”, acotó Hebe en lo que fue el comienzo de las rondas de los jueves por la tarde en la Plaza para denunciar a la sociedad y al mundo la búsqueda de sus hijos desaparecidos y de sus nietos nacidos en cárceles clandestinas y entregados en adopciones ilegales bajo el símbolo del pañuelo blanco, que en los comienzos eran retazos de pañales de tela. Todo un símbolo en la defensa de los derechos humanos que recorrió el mundo.

 

Pañuelos y Mariposas, esta vez en forma virtual

 

“Este 24 de marzo no nos encuentra en Plaza de Mayo como cada año, ni en las demás plazas del país, debido a las medidas de prevención por la emergencia sanitaria para el cuidado de la salud de la población, pero sí hemos generado durante todo este día acciones para sostener la Memoria”, así se inicia el documento elaborado por los organismos defensores de los derechos humanos. “

 

“En esta nueva conmemoración del Golpe genocida del 24 de marzo de 1976 recordamos a las y los 30.000 detenidos-desaparecidos, a las 10.000 presas y presos políticos; a los miles de exiliados y sobrevivientes; y reivindicamos sus luchas en organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y políticas”, prosigue la declaración difundida por las redes sociales y en los medios de comunicación social.

 

En la actualidad, a pesar de la avanzada edad de esas madres de pañuelos blancos, octagenarias y nonagenarias, la lucha por la memoria la tomaron hijos y nietos recuperados que dio lugar en los años 90 al surgimiento de HIJOS, como señalan en el colectivo social, “mientras no haya justicia, mientras los motivos por los cuales lucharon quienes fueron desaparecidos sigan vigentes es una cosa del presente, no es del pasado”.

 

La escritora y periodista Raquel Robles, integrante del movimiento HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Perdón) conversó con La Rayuela. Ella es hija de Flora Celia Pasatir y de Gastón Robles, quien se desempeñara como secretario de Agricultura durante la presidencia de Héctor Cámpora. Comentó que “surgió a partir de un homenaje que se hizo a los desaparecidos de una facultad en la universidad de La Plata, donde quienes organizaron el homenaje se ocuparon de juntar a los hijos de esos compañeros homenajeados, que estaban desaparecidos y ahí nos encontramos siendo grandes ya”. Agregó que “fue en 1995, y como la ciudad de La Plata tiene la particularidad de ser una ciudad universitaria -iban de muchas provincias a estudiar ahí, todavía no había universidades en todos lados-, nos juntamos y decidimos hacer algo”.

 

Robles dijo que “enseguida se formaron las regionales de HIJOS porque había gente de todas las provincias, inclusive había chicos y chicas que habían venido de México o desde el Uruguay -o desde otros lugares- para el homenaje”. Lo definió como un “organismo de derechos humanos, que está abocado a conseguir justicia para con los crímenes que se cometieron durante la dictadura cívico-militar y los años anteriores”. Al cronista le expuso uno de los objetivos del colectivo, “reconstruir las identidades de nuestros padres, de las organizaciones a las que pertenecieron por lo cual reconstruir nuestra propia identidad”. Acotó que “también trabajamos por la identidad de los hermanos apropiados, durante la dictadura militar hubo un plan sistemático para robar bebés de las detenidas-desaparecidas y entregarlos a familias de militares o civiles afines a las ideas de los militares”.

 

Este año la memoria del golpe del 24 de marzo de 1976 se trasladó a las redes sociales por la cuarentena del coronavirus. Las imágenes y los testimonios del horror que sembró la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla y su Junta Militar, con los secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos a miles de ciudadanos, además del robo de bebés y de niños, en delitos considerados como crímenes de lesa humanidad por ser acciones cometidas desde el propio Estado y, por lo tanto, no prescriben en el tiempo.

 

Con el fin de la tenebrosa dictadura en 1983, la fecha del 24 de marzo concentró el reclamo de memoria, verdad y justicia impulsado desde los organismos de derechos humanos, a lo largo de contextos políticos que marcaron la lucha en avances, como el histórico juicio a las Juntas Militares de 1995 durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y también de retrocesos, como las leyes de impunidad que se sancionaron tras levantamientos militares contra la presidencia de Alfonsín, y los indultos que dictara la presidencia de Menem en la década de los años 90.

 

Bajo los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner se multiplicaron los juicios de crímenes de lesa humanidad tras la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de impunidad por parte de la Corte Suprema de Justicia, en 2005. Se alcanzaron condenas a 968 acusados y 156 absoluciones, mientras que 637 acusados están procesados, 544 imputados y 28 aún permanecen como prófugos de la justicia. Durante la presidencia de Macri, la política estatal fue de un claro negacionismo del pasado, se intentó poner en duda el número símbolo de 30.000, se retiró el Estado del rol impulsor de las causas judiciales y se desfinanciaron todos los programas y los espacios de memoria.

 

La respuesta fue la movilización callejera. A las masivas concentraciones realizadas durante el kirchnerismo, le sucedieron eventos aún más multitudinarios que, fueron muchas veces fueron relativizados y silenciados desde los diversos medios de comunicación. Una sociedad impactada por el relato de un gobierno que construyó su propia verdad frente a lo que se observaba a lo ancho del país, y que tuvo a su disposición el poderoso entramado mediático para la difusión de esa realidad construida para convencer a la ciudadanía bajo el lema del macrismo “haciendo lo que hay que hacer”. Una realidad definida como posverdad, la posrealidad.

 

 

En tiempos de pandemia y de un aislamiento social obligatorio dispuesto por el presidente Alberto Fernández, la tecnología se convirtió en un espacio infinito para la memoria. Así, esas mariposas que año tras otro impactan y emocionan a los ciudadanos de a pie en calles y plazas, sobrevolaron esta vez en redes y medios. Esas locas de la Plaza, como las definiera un conocido represor de esos años de terror, tuvieron su espacio virtual para que la Memoria no entrara en cuarentena. Los pañuelos blancos no danzaron solos y solas, miles de mariposas como cada 24 de marzo sobrevolaron la Plaza del Mayo y todas las plazas de la Argentina. Esas siluetas de los 30.000 estuvieron ahí en la memoria, en el corazón, en el alma de su pueblo. Ellas, las Madres y las Abuelas no caminaron solas, esta vez lo hicieron en forma virtual para decir Nunca Más.

 

Claudio Morales*

 

*Periodista. Corresponsal, Colaborador y Productor Periodístico de medios de comunicación argentinos y del exterior. Director fundador del Grupo Pasteur, primer colectivo multimedia cultural-educativo juvenil de la Argentina.

URL: http://www.larayuelaweb.com.ar/?p=2751

Escrito por en mar 30 2020. Archivado bajo Destacados, Sociedad. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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