Un Viaje al pasado. El Ferroclub Argentino abrió sus puertas al público para mostrar locomotoras y coches antiguos

Ante una nutrida concurrencia que recorrió las instalaciones ferroviarias que el Ferroclub Argentino posee en Villa Lynch, cientos de personas participaron de la muestra de locomotoras y coches antiguos expuestos. Una de las locomotoras, la 27 Monte Caseros, de origen escocés, fue la gran atracción del público con un viaje por la vía auxiliar de una vaporera que circuló por la Mesopotamia hasta los 70. El Museo Ferroviario, en un viaje al rico pasado de los ferrocarriles de la Argentina.

 

En el marco de una soleada tarde, el Ferroclub Argentino abrió las puertas de un sector de los Talleres Ferroviarios del Ferrocarril Urquiza, a metros de la Estación Cnel. Francisco Lynch, en el vecino partido de Tres de Febrero, para exponer al público viejas locomotoras y coches ferroviarios restaurados por la asociación civil, “rescatados del seguro desguace y destrucción a unidades y elementos históricos para que las generaciones venideras puedan disfrutar y apreciar esta parte importantísima de nuestro acervo que hace a la cultura nacional”. En la Playa de Maniobras, cientos de visitantes apreciaron vehículos ferroviarios de distinto tipo y porte consistente en antiguas locomotoras a vapor desde 1886 a 1952, coches de madera originarios de Europa totalmente restaurados, guinche a vapor, vagones de carga, coche Presidencial utilizado por las distintas autoridades a lo largo de la historia política argentina.

Entre las piezas ferroviarias reparadas por los socios del Ferroclub para su conservación y puesta en valor para las generaciones futuras, se contó el Coche Reservado 750, construido en Inglaterra en 1888, “utilizado para el traslado de los gerentes del ferrocarril junto a sus familias”. El Guinche a Vapor G265 cuidadosamente restaurado, fue otra de las atracciones del público. Construido en 1932 en Inglaterra por la firma Booth Rodley, que funciona a vapor y tiene una capacidad máxima de 10 toneladas de carga. Dos locomotoras a vapor concitaron la atención de los espectadores que colmaron la muestra, la número 806 “La Manada”, construida en 1913 por Kerr Stuart y corría trenes de pasajeros en el ex Ferrocarril Central de Buenos Aires. La otra, la Baldwin número 253 oriunda de Estados Unidos, fabricada en 1903 por Baldwin Locomotiva Works, una imponente locomotora que originariamente funcionaba a leña y luego modificada a combustible líquido, se utilizaba tanto para trenes de pasajeros como para los de cargas. Y, un párrafo aparte, para la locomotora eléctrica Baldwin Westinghouse número 953, de origen estadounidense, fabricada en 1927, y adquirida por el Ferrocarril Urquiza para el tráfico de maniobras y carga en la línea local.

El viaje al pasado del ferrocarril de la Argentina pudo ser contemplado por el público a través de un recorrido por el Museo Ferroviario, montado en lo que fue una vivienda del tipo casa con galería destinada al jefe de los Talleres Ferroviarios Lynch, posteriormente empleada como dependencia policial y que en 2001 se reconvirtió para la constitución del museo. En las cuatro salas abiertas a la comunidad, el público pudo adentrarse en el plano histórico del control del tráfico ferroviario. Una de las salas cuenta con un equipo palo staff, utilizado para la comunicación del paso de trenes entre estaciones. Elementos de comunicación ferroviaria, variedad de faroles utilizados por el personal ferroviario, vajilla, colección de boletos y sus fechadoras. Otra de las salas, dedicada a los distintos ramales ferroviarios que surcaron el país, en la que los visitantes pudieron observar los horarios de los trenes que ya no circulan, pues todas las líneas tenían un “vasto servicio de pasajeros y cargas desde las mesetas áridas de la Patagonia hasta el noroeste, cubriendo ciudades y pueblos con una maraña de vías y trochas que posibilitaban tomar un tren desde Córdoba hacia Mendoza sin tener que pasar por Buenos Aires”, sumado a los trenes internacionales a Chile, Bolivia y Paraguay. Finalmente, la sala destinada a la exposición de elementos y herramientas utilizadas en mantenimiento de la infraestructura ferroviaria (candados, herrajes, vehículos de vía para el traslado del personal de vía y obras).

En la Playa de Maniobras, los numerosos visitantes pudieron caminar en medio de una gran variedad de “vehículos de exposición, locomotoras a vapor de pequeño y gran porte, coches de madera originales, restaurados y en proceso de restauración”. Tal el caso del Coche Comedor, originario de Gloucester (Inglaterra), “que deslumbra con sus finos detalles de sus ventiladores de techo, las mesas y la cocina económica original que funcionaba a carbón, que lo hacen un vehículo único de los tres que se construyeron”. El galpón de locomotoras exhibe, entre otras, la vaporera número 3005 fabricada por Henschel de Alemania, en 1952, para su uso por el Ferrocarril Urquiza para pasajeros y carga. Además, se cuenta con dos locomotoras a vapor de muy vieja data, fabricadas por la Cía. Neilson & Co. en Glasgow (Escocia) en 1888, adquiridas por el Ferrocarril Nordeste Argentino (FCNEA) para su servicio en la provincia de Corrientes y el norte de Entre Ríos, con pasajeros y carga hasta bien entrada la década de los años 70. En proceso de restauración, la número 11 Yatay.

Y, la estrella del evento, la locomotora a vapor número 27 Monte Caseros, que transportó a los visitantes a bordo de un restaurado coche de pasajeros de madera en un viaje de 15 minutos, a través de la vía auxiliar de los Talleres Ferroviarios pasando por la estación Lynch hasta el mismísimo puente de la General Paz, como si se tratara de los viejos tiempos del Urquiza para el disfrute de abuelos, padres e hijos, tres generaciones unidas en el placer y el disfrute de auténticas joyas de nuestros ferrocarriles. Un viaje al pasado ferroviario de la Argentina, que llegó a contar con 40.000 kilómetros de vías férreas “surcando todas las regiones y geografías del país”, y que desde 1955 hasta la última dictadura militar observó como lentamente diferentes ramales eran cerrados por razones económicas, hasta la estocada final que fue el proceso de privatizaciones realizado en la década de los 90 por el menemismo, con el desguace del sistema ferroviario nacional.

La vuelta del ferrocarril como sistema de transporte seguro, rápido, eficiente y económico hace ya unos años que dejó de ser un sueño para constituirse en una realidad palpable.

 

Claudio Morales

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