REANUDACIÓN DEL SEGUNDO PLENARIO DEL CONSEJO CONSULTIVO DE LA COMUNA 11

Sintética noche triste de crónica policial

La bochornosa continuación del segundo plenario del Consejo Consultivo de la Comuna 11 finalizó con presencia policial y

pasó nuevamente a un cuarto intermedio, por el momento sin fecha.

 

Por la vuelta

 

Fotos consejo consultivo (7)La sesión, que tuvo lugar el 23 de mayo último en la sede del club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque, ubicado en la calle Tinogasta 3457, constituyó la continuación de la realizada el 9 del mismo mes en el club El Alba y que, como se informó oportunamente, debió ser interrumpida por un desperfecto en la instalación eléctrica.

El nuevo plenario se desarrolló en el segundo subsuelo del local societario y contó con la presencia de Carlos Eusebi, representante del Frente para la Victoria en la Junta Comunal.

En primer término la coordinadora, Gladys Alanis, anunció que se reanudaba la reunión que se había postergado “porque hubo un corte de luz” y refirió las circunstancias en que se había producido ese corte. “Seguimos con las mismas autoridades del plenario anterior”, comunicó a continuación.

Después invitó a que se procediera nuevamente a la lectura del acta de la Comisión de Reglamento, que había quedado interrumpida en la sesión anterior, tras lo cual Carlos Sodor leyó el informe enviado a la Junta Comunal sobre los motivos que decidieron pasar esa sesión a cuarto intermedio.

A renglón seguido, hizo saber que se mantendrían “los vecinos elegidos como coordinador, secretarios de actas y tomadores de la palabra” y que había quedado “cerrado el orden de la lista de oradores”; este último anuncio dio lugar a las primeras expresiones de desaprobación.

Y se produjo la primera interrupción de las muchas que habría ese día; estuvo a cargo de Daniel Gagliotta. “Aclará que la única acta que sirve es la de la señora, que fue la votada, al señor se le dio la posibilidad como buenas personas que fuimos, además el señor se llevó el acta a su casa y no la entregó”. Se refería al hecho de que en la sesión anterior se habían postulado para secretarios de actas Eva Rodríguez, de la Asociación de Controladores, y Alan Heguier, de La Cámpora; la primera había obtenido más votos, pero quedaron ambos a propuesta de Alanis.

Ésta dijo también que en “el listado de vecinos asistentes” a la  reunión anterior figuraban registradas 124 personas; “con esto se va a tomar la votación nominal”, precisó, y agregó que las ONG participantes eran 54.

A continuación, abriendo el tramo correspondiente a la lista de oradores, convocó a Gonzalo Aguilar, vecino de Villa Devoto, quien expresó que no había podido asistir al primer plenario celebrado en Argentinos Júniors, y en consecuencia tampoco había podido anotarse en la Comisión de Reglamento. “Pero pude participar como oyente en la tercera reunión, en la cual se estaban votando los reglamentos presentados”, precisó.

“Se votaron distintos reglamentos, pero sin tocar punto por punto, y a mí eso me llamó poderosamente la atención porque entendí que hay una puja de intereses para que se vote un reglamento y no otro”, manifestó.

Y presentó una moción para que los reglamentos que se votaron volvieran a la comisión respectiva y se vieran punto por punto, y que aquellos en los que no se estuviera de acuerdo se discutieran en plenario.

“Esta moción de orden la tenemos que votar”, consideró la coordinadora.

“No es una moción de orden”, gritaron algunos.

Seguidamente Alanis llamó a un señor Merli, que no respondió; siguió el turno de Bernardo Don, de Villa del Parque. “Yo sí asistí a todas las reuniones y tengo mi posición tomada: yo planteo, en función del respeto del plenario y de los vecinos, la nulidad de lo actuado por la Comisión de Reglamento”, soltó.

Fundó su propuesta en “la actitud de no aceptar la elaboración consensuada de un reglamento acordado, teniendo en cuenta que había condiciones” y “porque se planteó la aprobación del reglamento sin ningún tipo de debate”; también denunció irregularidades en la votación.

En ese momento fue interrumpido por los gritos de varios asistentes -entre ellos Rubén Donadío, esposo de la coordinadora- quienes consideraban que había excedido su tiempo, fijado en tres minutos. Intentó seguir hablando, pero el griterío fue en aumento.

Alanis instó a que no lo interrumpieran. “Si lo interrumpen le vamos a seguir agregando minutos, seamos coherentes y adultos”, recomendó.

En ese contexto, Daniel Armentano contribuyó a la cuota de desorden reclamando la presencia de los medios. “Yo estoy anotado como orador, tengo tres testigos y me hicieron desaparecer de la lista”, se quejó, dando lugar a un áspero diálogo con la coordinadora.

 

La trifulca

 

Ésta anunció luego que se pasaría a votar la moción de Aguilar; varias voces se alzaron entonces reclamando que se abriera la lista de oradores. Provenían en su mayoría de un numeroso sector que ocupaba los asientos de la segunda mitad de la sala, y en el que estaban el referente kirchnerista Fernando Moya; María Rosa Carbonell, de la organización 678, y Osvaldo Carbonetti, del Partido Solidario, junto con muchas otras personas a las que no recordamos haber visto en las sesiones del Preconsejo Consultivo.

“La lista de oradores se abre cuando se vote esta moción”, repuso Alanis.

“No, no”, gritaban algunos; desde el referido sector alguien propuso una contramoción, que la falta de micrófono impidió entender; otros insistían con su pedido de “lista de oradores”.

“La moción se tiene que votar y se vota en forma nominal”, insistió la coordinadora.

Inopinadamente, Heguier tomó el micrófono. “Como todavía no hay reglamento nadie, absolutamente nadie, votó que ese voto sea nominal, y como no hay reglamento ¡que voten todos los presentes!” gritó, entre los aplausos de sus copartidarios;  el vocerío fue ensordecedor.

“Si no hay seguridad para poder continuar, volvemos a cuarto intermedio”, advirtió la coordinadora, quien agregó: “En este momento no encuentro seguridad para poder continuar con esta reunión, y vuelve a cuarto intermedio; se acaba de cancelar la reunión”. No había pasado media hora desde su inicio.

El griterío arreció al punto de que era imposible oírse. Los asistentes empezaron a levantarse de sus asientos; muchos lo hicieron para retirarse, pero otros decididos a enfrentarse: menudearon los insultos y hubo amagos de pugilato.

“Son aparatos contra vecinos”, explicó un asistente.

“Los kirchneristas quieren cooptar el Consejo, en otras comunas ya lo lograron”, opinó otro.

“Otro coordinador”, comenzaron a corear los aludidos.

“Los sectores del Frente para la Victoria, con La Cámpora a la cabeza, vinieron dispuestos a hacer una aparateada; no hay que retirarse, no hay que dejarles el campo libre”, exhortó Don. Pero no lo escuchaban; el éxodo vecinal parecía incontenible. De un lado a otro del salón se repetía la vieja consigna: “¡rajemos!”

Así las cosas, tomó el micrófono Claudio Moriello, quien se presentó como “miembro del PJ de la Comuna 11”, y propuso continuar la discusión de los distintos reglamentos.  “Es una moción de orden”, subrayó.

En medio de la barahúnda, Carbonetti propuso a su vez que se presentaran quienes quisieran “seguir dirigiendo y coordinando este plenario, ya que la coordinadora renunció”. Mientras algunos gritaban “no renunció”, alguien propuso a Oscar Reggio.

Por su parte Leonardo Pinotti, de la Asamblea de Villa Mitre, así definió la situación: “Hay estado de violencia y así no se puede continuar”.

Un asistente que dijo llamarse Juan Domingo y se calificó como “vecino raso” dijo a su vez que “los intereses particulares de distintos sectores están primando sobre lo que debería estar por encima de todo esto que es el bienestar de la Comuna 11”. Intentó hacer un llamado a la reflexión, que fue acallado por los gritos de los otros.

“Así no se puede seguir, no se trata de venir a decir ‘yo traigo cuarenta’, no es así, tenemos que participar todos, tenemos que demostrar que no somos animales y podemos hablar. ¿Podemos escuchar al otro o nos vamos a escuchar a nosotros mismos?”, protestó Sodor.

En esos momentos, Carbonell esgrimió el micrófono.

“Tenemos que sentarnos todos los que tienen voluntad de continuar” dijo, con tono admonitorio. Y prosiguió: “¡Siéntense! Si nos sentamos mantenemos un poquito cautiva la atención”.

Mientras se dirigía a la salida, un vecino observó: “En la reunión anterior sacó 16 votos y ahora está coordinando”.

Pero Carbonell se quedó arengando a la propia tropa: prácticamente todos los que no pertenecían a ella ya se habían retirado.

 

El desalojo

 

Así estaban las cosas cuando bajó Elba Saameño, asistente de dirección de la Comuna; demostrando gran presencia de ánimo le comunicó a Carbonell, quien aun empuñaba el micrófono, que las autoridades del club, haciendo uso del derecho de admisión y permanencia y ante los que consideraban desmanes, habían dispuesto el desalojo de la sala. No habría sido ajena a esa decisión la inquietud de un grupo de mujeres cuyos hijos pequeños se encontraban en esos momentos en la institución.

Se produjo entonces una tensa conversación entre Saameño, Moya y Carbonell; esta última era la que se mostraba más renuente a abandonar el lugar.

Detrás de Saameño bajaron también dos efectivos de la Policía Federal; eran parte de los ocho que habían concurrido al club respondiendo al llamado de aquellas madres.

Finalmente, los nombrados referentes solicitaron y obtuvieron un plazo de quince minutos para que los que allí estaban pudieran inscribirse en una lista; finalizado ese lapso, todos despejaron en orden la sala.

 

Afuera, todo era serenidad; desde algunos edificios surgían las voces de los relatores deportivos que transmitían las incidencias del partido Boca – Santos.

De pronto, nos alcanzó la conversación entre dos vecinos que habían asistido al plenario; ambos prometían no volver.

“¡Esto va a explotar!”, despotricó uno, al parecer bastante enojado.

El otro intentó calmarlo. “Quédese tranquilo, acá lo único que va a explotar es el dólar”, le dijo.

 

 

Por Haydée Breslav (para La Rayuela y Tras Cartón)

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